CAPÍTULO IX: PLAN DE ACCION CONTRA NUESTRO ESTADO DE ÁNIMO NO DESEADO

Tened presente que la ignorancia es una de las peores lacras que pueda albergar el hombre. Nutre y alimenta a tus peores enemigos y, por sí sola, anula, oscurece y sumerge de lleno en la más primitiva evolución el ser que piensa y razona. Si el analfabeto no sabe o no conoce, prevalece el instinto sobre la reflexión del pensar invirtiendo el sentido evolutivo engendrando una razón sin apenas facultades intelectivas.
Vivir es fácil. ¡Ah, amigos! Pero vivir con inteligencia y sabiduría solo está al alcance de unos pocos. Conocerse así mismo, analizar virtudes y defectos, obtener conclusiones cuando se busca la solución de algo, ése es el quid de la cuestión. Porque para tener poder, fuerza o superioridad sobre los demás resulta de obligado cumplimiento que el espíritu posea esos mismos conceptos. Y, todo ello, debemos alcanzarlo con la “Voluntad de Superación”.
Por tanto, pasemos a la acción. Ha llegado el momento, tras un alto en el camino, de arremangarse de nuevo las mangas de la camisa y continuar el recorrido.
ACTITUD Y CONDUCTA: CONCEPTOS FUNDAMENTALES
Coge un papel en blanco. Divídelo con una raya perpendicular en dos partes, en las que en cada una de ellas debes poner tus mayores virtudes y defectos, conforme al gráfico siguiente:
____VIRTUDES_____________________________________DEFECTOS_______________
Solidaridad                                                                                                          Egoísmo
Trabajo                                                                                                                Vagancia
Sinceridad                                                                                                           Envidia
Nobleza                                                                                                                Cobardía
Voluntad de Superación                                                                                    Baja autoestima…

De todos estos conceptos escogeremos tres, dos o los que tú quieras, por ejemplo: Solidaridad, trabajo y sinceridad. De la parte contraria: Vagancia, cobardía o baja autoestima. Tanto para potenciarlas en caso de que figuren a la izquierda como debilitar hasta hacerlos desaparecer los situados a la derecha. Unos y otros, nos acompañarán en nuestro peregrinaje hasta el final de la meta. Pero a medida que avancemos por el camino impulsaremos las virtudes y exprimiremos de tal manera los defectos hasta dejarlos con tesón y voluntad tan secos y sin vida como la diminuta arena que compone la aridez de los grandes desiertos.
Intentaremos sacar tanto del cuerpo físico como de nuestra mente todo aquello que nos perjudique (existen cientos de maneras de conseguirlo). A tal efecto, daremos algunos consejos, pero en cada caso será el propio individuo el que emplee la estrategia más conveniente: Si eres fumador, bebedor o simplemente aficionado a la comida basura: Potenciarás diariamente y en todo momento la suficiente fuerza de voluntad para terminar con esos hábitos tan perniciosos que ofuscan la mente, corrompen el cuerpo y, al mismo tiempo, anulan todo cambio positivo a una nueva forma de vivir y actuar. Piensa y reflexiona en el modo de conseguirlo. Si fumas o bebes en demasía, cada día (según sea tu fuerza de voluntad) quita un cigarrillo de la cajetilla para continuar fumando o beber una copa de menos porque el cuerpo necesita cierto tiempo para poder adaptarse a la nueva situación procurando en todo momento disminuir la cantidad que te indicará con absoluta claridad que estás resolviendo con éxito uno más de tus numerosos problemas. Cuando salgas de tu domicilio procura olvidar a propósito cajetilla y encendedor o en caso de empinar el codo en demasía olvida a propósito el dinero. Pero no emules el chiste del empedernido borracho que habiendo juramentado no beber nunca más, tras meditar el arduo problema, dedujo que al pasar junto al bar simplemente cerrando los ojos evitaría entrar en el establecimiento. Así lo hizo, y se quedó tan pasmado del éxito conseguido que retrocedió feliz y contento brindó frente a la barra del mostrador por el éxito conseguido. Y claro, volvió a coger otra buena “merluza”.
No creas que con este cambio vas a perder, placer, gozo o satisfacción, más bien aumentarlo, pero desde un estado físico y espiritual que multiplicará la innegable calidad de una vida mucho más auténtica y real.
La verdadera salud que alcanzarás con el tiempo te darán con creces el tesoro más grande y preciado que pueda existir en el mundo, el contento y la felicidad de ánimo cuyo gusto, complacencia y alegría, sólo los elegidos por la suerte, por el destino o por los dioses pueden disfrutar. Si lo consigues, el día de mañana cuando vuelvas la mirada al pasado, asombrado quedarás de lo equivocado que estabas en tu antigua forma de vivir, pensar y actuar.
¿Qué es la Aptitud?
Aunque existen diversas definiciones podemos resumirlas como el “comportamiento que emplea una persona para realizar las cosas”.
Implica y orienta la acción ante determinados objetivos y metas. Ejerce influencia primordial en cualquier idea o disposición mental predisponiendo al individuo en sus procesos emocionales, conceptuales y cognoscitivos.
Disposición de ánimo que al enfrentarnos a cualquier situación retrata mejor que cualquier radiografía nuestra auténtica identidad.
Dado que la actividad individual está condicionada al pensamiento, la calidad del existir humano con el entorno exterior tiene su causa y origen en lo más profundo de nuestro interior anímico. Por tanto, baja autoestima o pensamientos negativos distorsionan morbosamente la realidad. Así, un día de intensa lluvia, de sol abrasador o de insoportable ventisca, cada una de las personas que te cruzas por la calle sentirá emocionalmente de distinta manera estos fenómenos naturales según sea la predisposición de su ánimo. Puedes cantar bajo el intenso chaparrón como en la famosa película de Gene Kelly, lanzar maldiciones y palabrotas soeces resguardado tras los cristales del ventanal o esperar inquieto y resignado bajos los soportales de cualquier edificio exagerando anímicamente unos hechos que en realidad apenas tienen importancia.
De análoga manera son los problemas de la vida y del vivir.
Por todo ello, si los impactos recibidos del exterior son negativos, opresivos o injustos, así seremos nosotros con los demás. Si por el contrario ya desde la más tierna infancia por parte de nuestros ascendientes nos acompaña el amor, la armonía o la alegría del vivir y no la desarmonía, el vicio o el abandono, en uno u otro caso así, se forjará nuestro carácter y aptitud.
En tu largo o corto caminar surgirán inesperadas tormentas. Y, aunque sus truenos, rayos y centellas, parecen comerse al mundo todos sabemos que después de la tempestad viene la calma. Aunque ello incomode a los temerosos y cobardes debemos tener la suficiente “Aptitud” o entereza de ánimo para saber contrarrestar la dureza de las injusticias a que nos vemos sometidos en ocasiones sin apenas arma alguna para poder defender nuestros derechos y libertades. Pese a ello, nunca replegarse ante cualquier peligro o temor. Nunca agachar la cabeza como siervo o esclavo de una sociedad inmoral y corrupta que siempre abandona al más débil. Nunca arrodillarte ante las oscilantes luces de los cirios siempre situados en los tétricos rincones del sometimiento. En caso de confrontación levanta siempre la altiva cabeza porque la seguridad en uno mismo convierte debilidad en fortaleza, empequeñece al contrario y alienta y protege con un invisible armazón de acero la victoria.
En el mismo momento que pactes o juramentes contigo mismo el inicio de la resurrección por medio de la “Voluntad de Superación” tu aptitud ya no debe vacilar, aunque en alguna incontrolable situación frente a ti aparezca la temida boca del lobo o el escalofrío recorra la espalda piensa que cuando se disuelva la niebla volverán a brillar las estrellas. Pero ante todo debes tener presente que la voluntad, cuando verdaderamente existe, suele apartar de un manotazo el desánimo, la desgana o la rutina. Debe afianzarse en cada célula de tu cuerpo porque su empuje, fuerza y tesón te ayudarán de todo temor o cobardía y, aunque por la fuerza dobleguen tus rodillas, al menos, la mirada de tus rebeldes ojos, indicarán sin duda alguna que no eres un esclavo sino una persona de gran coraje y valentía.
Piensa que tanto alegrías como pesares obedecen a la manipulación de los sentidos. A partir de ahí, metamorfoseada nuestra auténtica personalidad desde la más tierna infancia nos han enseñado a competir en una alocada y peligrosas carrera donde el trofeo de la infelicidad espera al vencedor. Poder, éxito o dinero, he aquí los grandes males de la humanidad. Ellos forjan al superhombre del siglo XXI. Otorgan a los vencedores el anillo divino y coronan sus cabezas con el laurel del oro que atrae como moscas sobre la miel la utilidad de lo inútil a las infinitas manadas de “borregos “que diariamente pastan en los áridos campos de la ignorancia.
No seas uno de ellos.
Imposible resulta buscar la felicidad por caminos equivocados. Se encuentra tan cerca del hombre como su misma nariz y, sin embargo, miope por naturaleza la persigue y rastrea desesperadamente en cualquier parte menos donde más debería escudriñar.
Pero si decimos que ser feliz simplemente se reduce a estar contento consigo mismo, de reojo, nos observarán como un alineado mental. Si afirmamos que la felicidad se encuentra en ser libres nos tacharán de necios o cretinos. Si proclamamos que la felicidad se encuentra en el amor, la solidaridad y la comprensión con todos los seres creados ya sean árboles, hormigas o piedras, seguramente nos señalarán como extraterrestres venidos de otros mundos.
¿Sabes por qué?
Porque han cincelado en nuestros cerebro una forma de vivir equivocada que se trasluce en injusticias, guerras, hambre, dolor, sufrimiento o muerte. Nos han educado para que creamos en lo que no es, por muchos signos de verdad que aparenten. Ello provoca constantes batallas, combates y peleas ante un consumismo desenfrenado y baladí que a la postre nos causa innumerables sentimientos de descontento, inquietudes, errores y desatinos que descalifican la autenticidad del existir.
Piensa y reflexiona, ¿vale la pena vivir así?
Si es así, no hagas, ni intentes nada, bastará con continuar con la infinita modorra que te encadena a la rutina, el hábito y la costumbre.
En caso contrario, desata cuanto antes tus invisibles ligaduras que te convierten sin saberlo en vil esclavo de tus propias debilidades. Respira hondo y activa en tu mente el comienzo de la gran aventura y, como héroe anónimo y solitario lucha sin desfallecer contra dioses, monstruos y hombres por encontrar el “Vellocino de oro” en las intrincadas y oscuras tinieblas de un fascinante y misterioso existir.